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Artículo de Juan Antonio Barrio en "el Siglo"

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LA DEMOCRACIA Y EL MERCADO

 

            La adopción de medidas para reducir el déficit (15000 Millones de € entre 2010 y 2011) debe suscitar, a mi juicio, una reflexión más amplia sobre la democracia, tal y como la conocemos, sobre su interrelación con la economía de mercado. Estas medidas han venido acompañadas de un amplio acuerdo europeo (por valor de 750.000 millones de Euros) para frenar la especulación y apoyar el euro. Es un acuerdo importante, aunque la experiencia griega aconseje más precisión – y más credibilidad – a la hora de fijar el mecanismo concreto de las ayudas (en especial para el fondo principal de 440.000 millones de Euros). Pero, en cualquier caso, detengámonos un momento en la frase: frenar la especulación y la llamada “economía de casino”. Una especulación volcada en el deterioro de las deudas soberanas de los países y cuyo objetivo, en mi opinión va más allá incluso de conseguir el deterioro del euro: lo que se pretende es acabar con cualquier intento de supervisión y regulación de los mercados, en concreto de los mercados financieros y más en concreto todavía de los famosos “hedgefunds” (o fondos especulativos de alto riesgo). Ciertamente para tener alguna posibilidad de éxito, no basta sólo con dinero: hace falta una normativa clara, concreta y que se aplique. Siendo muy importante el acuerdo inicial sobre los “hedgefunds” alcanzado en la Unión Europea (falta la conciliación entre el PARLAMENTO y la COMISIÓN) no basta con las mayores exigencias de información y transparencia. Algunas prácticas deberían ser prohibidas. Angela Merkel parece tenerlo claro al prohibir la especulación con la deuda soberana “al descubierto” (es decir, sin dinero real o títulos efectivos encima de la mesa, sólo con opciones sobre los mismos). El problema es que esto deberá hacerse a nivel de la UE en su conjunto (o al menos de la zona euro) pues no es la duda soberana alemana la que esta más en riesgo sino la portuguesa, la italiana, la española y otras. Esto ya ha sido denunciado por alguien tan poco sospechoso de heterodoxia como Miguel Boyer (“Ganar dinero apostando al desastre”, El País 30/04/2010). Evitar que haya gente apostando al desastre y ganando es ahora mismo una prioridad, y hay que llevar el debate no sólo a Europa, sino al G – 20 con una posición común del Eurogrupo. De otro modo la batalla la ganarán los mismos que generaron en gran medida la crisis, con sus operaciones fuera de balance y sus productos derivados, sus paraísos fiscales, sus agencias de “rating” en perfecta alianza de intereses y sus bonos escandalosos, es decir conseguirán seguir haciendo “business as usual”, una economía especulativa cada vez más desvinculada de la economía real, y preparando la burbuja siguiente, que pagarán los mismos de siempre y vuelta a empezar. Ya no vale con genéricas afirmaciones sobre “refundar el capitalismo” o bravatas del estilo de “esos tipos se van a enterar”. Por ahora, la batalla la van ganando “los mercados” (que al final son gente muy concreta, con manos nada invisibles) por goleada. No se trata de ir contra la economía de mercado, sino de regularla, no se trata de ir contra la lógica de los mercados, sino como ha dicho el primer ministro griego “Papandreu” en una entrevista reciente contra la “histeria” de los mercados: “tomar  las medidas necesarias para blindar la zona euro contra los especuladores (y) hacer lo mismo a nivel global en el G-20 (Papandreu, El País, entrevista del 22/5/2010).

 

            Pero, por ahora lo que sucede es todo lo contrario: baja la calificación de la deuda y se la ataca por que no se hacen ajustes. Pero, si se hacen, entonces se rebaja también la calificación y aumenta el diferencial con el bono alemán porque baja la expectativa de crecimiento.

 

            Lo que nos jugamos es demasiado importante, como ha resaltado Habermas (“En el euro se decide el destino de la UE”, El País 22/05/2010). Para ello hay que ir, de hecho, a un gobierno económico europeo que tome conciencia de estos problemas y proponga soluciones efectivas, incluida la creación de tasas a las transacciones financieras. Desde luego el incluir limitaciones del déficit en las constituciones no forma parte de la solución. Regular los mercados financieros puede ser más complicado, pero es mucho más urgente y necesario. En caso contrario “esos tipos” volverán a ganar por goleada y como señalaba Ignacio Sotelo en un libro reciente (“Crisis y Declive del Estado Social”, ED TROTTA) al final el Estado solo servirá para “legitimar democráticamente decisiones que se toman en otros ámbitos”. La conclusión es clara: eso sería también el fin de la democracia tal y como la conocemos. Al menos luchemos contra ello.

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