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Artículo de Mario Salvatierra

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de IZQUIERDA SOCIALISTA - CORRIENTE DE OPINIÓN INTERNA DEL PSOE, el El miércoles, 01 de septiembre de 2010 a las 17:28

Uno de los mayores peligros que corre la democracia de partidos es que no exista democracia en los partidos. Ésta es una de las razones, entre otras, por la que la ciudadanía se aleja de los partidos políticos. Pero paradójicamente cuando se produce el feliz encuentro entre la democracia y la vida orgánica de un partido, unos lo ven como debilidad y otros como alboroto. Así pues, lo que tendría que ser norma en todos los partidos, es excepción en algunos. Y precisamente porque es la excepción, se estima que semejante acontecimiento democrático fractura la cohesión interna y refuerza a los partidos contrincantes al hacer de la necesidad virtud.

 

La necesaria democracia se percibe por algunos como atentado al inevitable tutelaje democrático o, lo que es más grave, como un proceso de deslegitimación del liderazgo. Ni una cosa ni la otra. Aunque ambas disquisiciones las propague el infatigable portavoz mediático del PP, González Pons, hay un abismo entre las máximas “un hombre, un voto” y “un hombre, un coto”.

 

No minusvaloremos lo que les falta a los partidos: más democracia interna, más ámbitos deliberativos, mayor control y transparencia interna; critiquemos lo que les sobra: presidencialismo, cooptación orgánica, restricción del debate por miedo al disenso, externalizar la política a los ámbitos judiciales y económicos, etc. Más democracia no es un placebo, es el remedio. Bienvenido, por consiguiente, este evento democrático en el seno del PSM.

 

Al parecer una encuesta es la responsable de que se produzca dicho proceso. Es decir, en un principio se quería que el resultado de un sondeo fuera el criterio de elección del liderazgo. De este modo, la demoscopia se sobrepondría a la misma democracia. No se quiso tener en cuenta que la vigencia de esos datos es semejante a la caducidad de un yogurt o, en el mejor de los casos, a la canción del verano. La demoscopia refleja un hecho volátil, dinámico y, en muchas ocasiones, engañoso. ¿Quién no mintió en una encuesta? Además, para un partido político, que se dice de izquierdas, los estados de opinión que reflejan las encuestas están incluso para cambiarlos. Siendo las encuestas muy importantes, no pueden ni deben ser el eje que vertebre a los partidos políticos. Si la demoscopia se convierte en el vértice de la oferta política, entonces los próximos carteles electorales tendrán que poner la foto del candidato o candidata de turno con una amplia sonrisa diciendo: “Lo que tú quieras”. La democracia no es demoscopia y menos aún mercancía. Es un fatal error trasladar las reglas del mercado a la democracia.

 

En estas elecciones primarias hemos de tener en cuenta dos parámetros: por un lado, unidad no es lo mismo que unanimidad, esto es, no cometamos los errores del PP que equipara derecho a la diferencia con diferencia de derechos y unidad interna con uniformidad cuartelaria; por otro lado, si hay dos candidaturas, tendrá que haber diferencias en los proyectos. Le estaríamos haciendo un flaco favor a la ciudadanía si damos a entender que básicamente estamos eligiendo entre George Clooney y Cindy Crawford. No sólo optamos por personas, sino también por proyectos.

 

Desde mi experiencia personal, he constatado que Tomás Gómez lleva tres arduos años trabajando en un proyecto socialista para Madrid, visitando las agrupaciones, realizando asambleas ciudadanas por todo el territorio, escuchando y tomando nota de sus demandas y, sobre todo, formando equipos con personas de reconocida solvencia en temas educativos, sanitarios, urbanísticos, medioambientales, etc. Aunque todo ello desafortunadamente no ha sido visible mediáticamente por razones ajenas al esfuerzo desempeñado, ¿vamos a echar por la borda este magnífico trabajo a causa de un sondeo cuya vigencia es evanescente?

 

En el proyecto de Tomás Gómez encontramos que la ciudadanía es algo más que el reconocimiento de unos derechos individuales,  un status de pertenencia, es también una forma de participación activa en los asuntos públicos; que la igualdad no se disuelve en el reconocimiento formal de las oportunidades, sino que para convertir las posibilidades en oportunidades reales no deben existir obstáculos insalvables en el trayecto que va desde la oportunidad al resultado; que la libertad no sólo es ausencia de interferencias, sino fundamentalmente luchar contra las adversidades de la dominación. En definitiva, el proyecto de Tomás Gómez pretende revertir el deseo neoliberal de hacer un Estado anoréxico y un mercado bulímico. De ahí su insistencia en el valor de la política con mayúsculas, en la preservación de lo público para garantizar el bien común, en la conformación del sentimiento de pertenencia a partir de identidades compartidas y no excluyentes y, a mi juicio, todo ello haciéndose cargo de la memoria del socialismo madrileño.

 

*MARIO SALVATIERRA SARU,  es Diputado autonómico de Madrid y miembro de IS-PSOE

Agosto 2010



 

 

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Comentarios Artículo de Mario Salvatierra

Kaixo compañeros.

Mario, en verdad te comento que las cosas de la democracia interna en el partido de pueden decir mas alto, pero no mas claro, voto por esta diferencia.
PATXI PATXI 02/09/2010 a las 09:06

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