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Ser marxista

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Soy marxista. Pero, no soy marxista sólo porque odie la pobreza. No soy marxista sólo porque crea en la libertad. No soy marxista sólo porque desee mejorar las condiciones de vida. Los socialdemócratas, los liberales, los conservadores desean eso mismo y ellos no son marxistas. Y parecería tonto, cuando no fruto de una mala educación, pretender que ellos lo desean con mala fe mientras que yo lo pienso realmente. ¿Por qué soy marxista?
Soy marxista porque no estoy de acuerdo con la mejora que presentan los liberales, los conservadores o los socialdemócratas. Y tampoco comparto su análisis de la realidad. Sostengo una emancipación cualitativamente diferente. Soy marxista porque creo que el capitalismo es un sistema injusto intrínsecamente, es decir: en su propia constitución, y que conlleva la absoluta infelicidad de la humanidad. Pero tampoco soy marxista sólo porque esté en contra del capitalismo, muchos reaccionarios lo están, sino por el cómo y el porqué de mi rechazo.
Desde la modernidad la filosofía había situado en la idea de sujeto la clave del conocimiento. Conocer la realidad no era representársela tal cual era sino que, especialmente a partir de Kant, el propio sujeto construía una representación del mundo a través de su forma de conocer, de sus estructuras cognitivas previas no pudiendo conocer pues la realidad en sí misma sino la interpretación de la realidad realizada por la razón. Como todos los seres humanos estaban constituidos desde la razón era su forma de conocer racional idéntica en todos los casos. Así, el mundo, en cuanto a nuestra representación de él, se convirtió en obra del sujeto racional. El mundo real era racional, tenía leyes científicas y se constituía como un cosmos ordenado no por sí mismo sino porque el sujeto le ponía esa racionalidad. El mundo se humanizaba pues acababa siendo, de alguna manera, resultado de la acción humana.
Marx estaba de acuerdo con la idea básica. El mundo era, y debía ser, creación humana. Pero, ¿realmente el mundo estaba humanizado? ¿Había logrado la razón desarrollar un mundo mejor? Para responder a dicha pregunta Marx se fijó en el trabajo pues allí dicha humanización se mostraba evidente como una realización práctica. El trabajo era, o mejor dicho, debía de ser la forma de relación privilegiada entre el hombre y la realidad: el trabajo transformaba la realidad y la acción humana primordial era la transformación del mundo por el trabajo. Ahora bien, el trabajo no se daba en condiciones abstractas sino sociales y concretas. Por eso, la forma social en que se constituía el trabajo resultaba fundamental para analizar si este realmente estaba humanizando el mundo de acuerdo a la razón o bien servía a otros intereses. Así, lejos de ser prioritaria para Marx la esfera económica como constitución de lo humano era en realidad sólo el medio para humanizar el mundo.
Pero, ¿qué pasaba con el capitalismo? ¿Por qué los marxistas trasnochados como yo mismo, estamos en contra del Capitalismo? ¿Y cómo estamos en contra? De lo que acusamos al capitalismo es de ser un sistema totalitario. Entendemos por sistema totalitario aquel que es capaz de integrar toda la vida humana (la pública y la privada, el trabajo y el ocio) en una estructura cuya única finalidad es la de perpetuarse. Pero, ¿qué es el capitalismo? Un sistema que es independiente a las voluntades individuales o colectivas, que se impone sobre la existencia individual y cuya realidad es la reproducción incesante de mercancías y con esto la perpetuación del propio capitalismo. El capitalismo no es, por supuesto, los grandes grupos bancarios, las grandes empresas o los “malvados capitalistas” (como le gustaría pensar a un izquierdista folclórico). El capitalismo es una realidad independiente a los propios individuos que determina la realidad y la existencia de todos en cuanto les convierte, a ellos mismos y a los propios objetos, en mercancías. Y no sólo en su visión simplista de economizar todo, que también, sino, y primordialmente, en la creación de una estructura previa de dominación. Pero, ¿qué significa eso? En el capitalismo se dan tres procesos básicos: la alienación, la ideología y el fetichismo de la mercancía. El trabajo, como hemos señalado, debería servir para humanizar el mundo, pues es la forma propia de la relación del sujeto con la realidad, y convertir así la sociedad en un lugar para la emancipación del individuo. El desarrollo tecnológico haría posible esto, en cuanto a su capacidad de emancipación de la naturaleza. Sin embargo, el trabajo en el capitalismo no sólo no humaniza el mundo sino que lo único que hace es reproducir ese mismo capitalismo. Así, el trabajo capitalista no hace del mundo un lugar mejor -y eso es independiente del sueldo que se pague del mismo modo que la libertad del esclavo no depende de cuánta comida se le dé-. Toda la acción propia del sujeto en cuanto tal sujeto (la acción sobre el mundo, la praxis, que debía humanizarlo) en el capitalismo queda reducida así a mera realización económica lo que conlleva, a su vez, que el propio sujeto sólo tenga realidad en el sistema como hecho económico. De esta forma toda la existencia humana, nuestra vida, se convierte en el medio, ya en el trabajo ya en el consumo, para la preservación del propio capitalismo y esa misma vida se transforma en ideológica en cuanto se presenta como existencia individual aquello que no es más que reproducción de las condiciones de explotación dadas y por lo tanto indiferente objetivamente a la propia individualidad. De esta forma, la ideología (la falsificación de la realidad) ocupa un lugar fundamental en la estructura capitalista. La ideología es la falsa conciencia sobre la realidad que hace creer que la vida que se lleva es auténtica. Y esta ideología presenta en el capitalismo un doble aspecto: por un lado, un aspecto clásico en el que las ideas o los hechos sirven para encubrir la realidad (como la religión, el nacionalismo o la reciente boda del príncipe); y, por otro, y lo que es más interesante, una vinculación directa con el propio sistema productivo donde surge el denominado fetichismo de la mercancía. La mercancía -es decir: el resultado último de todo un proceso de producción dentro del capitalismo- se presenta como una realidad independiente a dicho proceso, como con un valor en sí. El fetichismo de la mercancía lo que hace es negar precisamente el proceso de trabajo y con ello negar las condiciones reales de existencia. Las mercancías se independizan de la acción humana cobrando valor por sí mismo del mismo modo que la vida humana se independiza, pero sólo de forma ideológica y por eso falsa, de la estructura económica. La esfera productiva, que el capitalismo ha llevado hasta sus últimas consecuencias a través del consumo, se presenta como ajena al individuo. Así, el máximo proceso ideológico, que hoy guarda relación con la creación de una personalidad sin yo, no es un añadido sobre el proceso productivo sino algo intrínseco a él. El capitalismo desarrollado presenta los objetos y las realidades particulares como ajenas a la totalidad, independientes de su propio proceso de formación. Los diversos hechos, que sólo tienen sentido en cuanto a su relación y estar subsumidos por la totalidad, se presentan como fragmentos sin conexión. Parece existir la libertad en un mundo dominado a priori de cualquier hecho.
De esta manera, el capitalismo no es sólo un sistema económico, una forma de producción, sino un sistema totalitario; la forma determinada que produce la propia vida. Y dicha vida , lejos de estar conformada en la autonomía y la emancipación, está subsumida bajo el mismo capitalismo. La vida humana sólo tiene sentido para reproducir el propio sistema y toda la esperanza ilustrada ha desaparecido. Ser marxista, aún hoy, tiene sentido
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Comentarios Ser marxista

AniversarioPSOE: 30 años sin Marx  ImprimirAumentar el textoReducir el textoEn el año en que José Luis Rodríguez Zapatero estrenaba su mayoría de edad, otro secretario general del PSOE lanzaba un órdago al partido presentando su dimisión ante lo que consideraba una rémora para lograr el hito histórico de llegar al Palacio de la Moncloa.
El protagonista: Felipe González; el momento: el 28 Congreso del PSOE que comenzó hace hoy treinta años; el motivo de la dimisión: la gran resistencia interna a que desapareciera el término "marxista" de la definición del partido.

Era un momento clave de la Transición después de que los socialistas fueran derrotados por Adolfo Suárez en las elecciones generales del 1 de marzo cuando creían tener la victoria al alcance, aunque se resarcieron en parte en abril, en los primeros comicios municipales de la democracia, al tomar el bastón de mando de muchos ayuntamientos gracias a sus acuerdos con el PCE.

Fue tras esas elecciones cuando González consideró llegado el momento de dar la batalla interna por la socialdemocracia y recuperar su propuesta de meses atrás de eliminar las referencias a Marx de los principios ideológicos del PSOE que habían sido incorporadas por vez primera en la historia del partido tres años antes.

Se trataba de preparar el terreno para echar las redes en caladeros de votos más centristas. Pero no lo tuvo fácil, porque desde el inicio del Congreso los contrarios a esa idea se hicieron fuertes y empezaron a ganar algunas batallas.

Entre quienes se oponían a las intenciones de quien había utilizado hasta poco antes el nombre de Isidoro, se encontraba un grupo de históricos dirigentes como Enrique Tierno Galván (quien con no pocas dudas había sumado ya su PSP a la fuerza política liderada por González), Pablo Castellano, Francisco Bustelo, Fernando Morán o Luis Gómez llorente.

No estaban dispuestos a lo que entendían como una derechización del partido y creían que la mayoría del millar de delegados asistentes al cónclave estaba con ellos.

Una idea que quedó reforzada cuando frente al candidato oficial para presidir el 28 Congreso, Gregorio Peces Barba, presentan al que años después sería presidente del Senado José Federico de Carvajal y logran que salga elegido.

Con ese aviso sobre la mesa, Felipe González, en su primera intervención, entra de lleno en la cuestión matizando que jamás el PSOE podría renunciar a las ideas de Marx, pero tampoco pueden entenderse como un valor absoluto.

Su discurso queda lejos de convencer a todos, porque a la hora de votar la gestión de su Ejecutiva consigue el aprobado, pero sólo con un 68 por ciento de apoyo.

Al día siguiente, nuevo golpe en la mesa de los defensores de mantener las cosas como están cuando la ponencia ideológica rechaza la aspiración felipista y reafirma que el PSOE es un partido "de masas, marxista, democrático y federal".

Una derrota que se reproduce el 19 de mayo ante el plenario del Congreso: El 61 por ciento de los votos rechaza la enmienda avalada por González contra esa definición y defendida por el hoy comisario europeo Joaquín Almunia.

Fue el detonante de la decisión del líder socialista de presentar su dimisión. Lo hizo en la siguiente jornada teniendo como bandera la frase "hay que ser socialistas antes que marxistas" y sin que sus críticos se atrevieran a presentar una candidatura.

La solución fue nombrar una comisión gestora que convocó un Congreso extraordinario para el 28 de septiembre. En esos cuatro meses hubo una batalla ideológica y una pura lucha por el poder del partido.

Felipe González ganó las dos. De la cita de septiembre salió un texto en el que el PSOE asumía el marxismo "como un elemento teórico crítico y no dogmático, para el análisis y la transformación de la realidad social, recogiendo las distintas aportaciones, marxistas y no marxistas, que han contribuido a hacer del socialismo la gran alternativa emancipadora de nuestro pueblo y respetando plenamente las creencias personales"
Los críticos desaparecieron prácticamente de la nueva Ejecutiva del partido. La mayoría socialista no quiso quedar huérfana, conservó un líder y ganó un presidente del Gobierno. PSOE: 30 años sin Marx.
Anónimo Anónimo 02/09/2009 a las 17:29
LA SOCIALDEMOCRACIA ES EL CAMINO,SEGUIR EN POSTURAS IDELOGICAS DEL XlX es RIDICULO
NONITO NONITO 02/09/2009 a las 23:55
Sí para tí ser marxista es ser un ridiculo, se lo estas poniendo a huevo día a día al partido popular. Esa es tú postura cómo socialista- socialdemócrata, para echarse a reir, así os va cómo partido de izquierdas( zero-patatero).
Te recuerdo que tú queridísimo FELIPE GONZALEZ, fué quien propuso dejar de ser marxistas y que los actuales dirigentes de izquierda socialista, son los que en su día se opusieron a felipe, y fueron defenestrados de las ejecutivas posteriores.
Lee el artículo y dime sí algo de lo que pone es mentira, dime sí estas posturas son de vedad ridiculas, porque sí para tí realmente lo son, es que tú no eres muy de izquierdas que digamos.
Ojala hubiese muchos marxistas, otro gallo nos cantaría.
Anónimo Anónimo 03/09/2009 a las 18:04
Estimado anónimo yo no he dicho que ser marxista sea ridículo.Lo que he dicho que seguir la ideología marxista en su raíz tal y como fue planteada por Marx y Engels en su momento es muchas cosas es un total anacronísmo.
En cuanto a Felipe lo siento pero no tengo el gusto de conocerle por lo tanto persona de mi afecto no es.Añadiría más;nounca fue especialmente de mi agrado aunque tuvo sus luces y sus sombras.
Sobre lo del abandono del marxismo en cuanto a su practica que no al olvido como matriz ideológica de la izquierda actual con posibilidades de gobierno en toda Europa después de  la segunda guerra mundial(spd aleman,laboristas británicos,partido socialdemocrata sueco,psocialista  francés,etc.)reitero esto viene de inicios del xx al haber una escisión en la IIinternacional y surgir un nuevo modelo de izquierda que en muchos de estos países a parte de hacerlos punteros ha dado a sus clases trabajadoras 
un potentísimo estado del bienestar,osea por mucho que hubiera querido ser un innovador Gonzalez no era cosa de el.
Además ahora mismito he releído el texto y la verdad estoy de acuerdo con los compañeros de aquellos momentos,sobre lo is te diré que suelo comulgar bastante con ellos.
La izquierda es progresar en derechos,libertades y pensamientos ganándose al pueblo hay también otras vías revolucionarias(pero me temo que la gente con sus teles de plasma,sus apartamentos en la playa,sus viajes del inserso,o los chicos del erasmus no les entusiasme la idea)por lo tanto ganar por mayorias parlamentarias y poco a poco sin olvidar que representamos a los trabajadores ir cambíando la sociedad ganando derechos.Ahora en el momento que se baje la guardia ya sabes lo que ocurre;perdida de derechos,privatizaciones,incluso guerras.
De todos modos" sin conocerme de nada"no se como puedes puntuar mi grado de izquierdismo o de adscripción política,
  muy stalinista si   señor  
nonito nonito 03/09/2009 a las 18:28
ESO ES JUSTIFICARSE.

SE ES MARXISTA CONVENCIDO  O LO DEMÁS SON PATRAÑAS.
Anónimo Anónimo 04/09/2009 a las 16:47
¿Socialdemocracia o socialismo?




Suelen confundirse ambos términos desde que la experiencia neozarista del socialismo real soviético permitió a los socialdemócratas reclamar para sí en monopolio el verdadero socialismo. Para que no se le confundiera con el comunismo totalitario, se le añadió el adjetivo democrático. Pero ¿es la misma cosa el socialismo democrático que la socialdemocracia?, ¿una democracia social equivale a una democracia socialista? Desde el siglo XIX, la lucha del movimiento obrero obligó a las fuerzas conservadoras a aceptar el sufragio universal y a intentar algunas tímidas mejoras sociales. Con el tiempo, las derechas llegaron a presumir de que también ellas eran demócratas y partidarias del bienestar social de los ciudadanos. En Cataluña, sin ir más lejos, la derecha nacionalista de Jordi Pujol se presentó a las primeras elecciones democráticas (1977) con un programa socialdemócrata. Cuando le conviene a su sucesor, Artur Mas, aparecer con tal signo, se olvida de cuando se presentaba como liberal-conservador. También el partido democristiano del señor Duran i Lleida se llama ahora socialcristiano, pese a su defensa del capitalismo.
En fin, Aznar hizo creer a los votantes en 1996 que estaba más a la izquierda que el PSOE, y así engañó a la gente que le creyó de centro. Por todo eso se ha impuesto el tópico de que la izquierda apenas se diferencia de una derecha moderna. ¿Serán los socialistas, por un casual, la mano izquierda del capitalismo en el doble sentido de la palabra: su diplomacia dialogante y su apagafuegos en los momentos críticos para el sistema? Tras los estragos de la II Guerra Mundial, la población europea necesitaba como nunca una política social avanzada y votó que gobernara la izquierda. El capital lo consideró tan inevitable como útil. Con una URSS amenazante y dos poderosos partidos comunistas en Italia y Francia, había que apartar al pueblo trabajador de la tentación revolucionaria. Por seguridad nacional y por confundir el capitalismo depredador con la libertad de empresa y de mercado, el labour británico y sus colegas continentales reconciliaron a la ciudadanía con el capital mediante un cierto bienestar y a costa de los países pobres.
Con los años, la socialdemocracia se convirtió en la mano izquierda del sistema, practicó el neocoloniaje y demonizó al comunismo. ¿Qué fue de la democracia socialista propugnada por su fundador? Marx nunca fue comunista; reconoció no saber cómo sería el socialismo futuro; recomendó reformas que hoy nos parecerían superadas por la realidad. Pero la base de su análisis es inequívocamente anticapitalista. Si la socialdemocracia del provenir dejara de combatir el régimen imperante, no podría llamarse a sí misma, no ya marxista (Marx decía no serlo), sino socialista. Tal adjetivo sólo correspondía a quien, por impulso democrático, hiciera desaparecer el capitalismo del Planeta. Todo lo contrario, pues, de una socialdemocracia que, so pretexto de darle paliativos a un régimen agonizante, acabara reanimándolo y prolongando su turbia vida.
Fue el renegado Karl Kautsky (como lo llamó Lenin) quien, como marxista, formuló el criterio, ambiguo pero certero, para juzgar una posible rendición de la izquierda. Cuando se haya logrado que la mayoría social anticapitalista alcance la mayoría política, habrá que proceder a la revolución de la mayoría, consistente en emprender unas reformas del sistema que acaben con él, no que lo fortifiquen. Nada de paliativos. Eutanasia pura y simple, si bien con todos los requisitos legales. Este es el criterio (¿quién lo diría?) recogido en el artículo 9.2 de nuestra Constitución. En él se hace responsables a todos los poderes públicos de la remoción de cuantos obstáculos impidan que la libertad y la igualdad de las personas y sus colectivos sean reales y efectivas. Es decir, desmontar el tinglado de la vieja farsa democrática del capitalismo. Dicho texto casi nadie se lo ha tomado en serio.
Excepcional fue el discurso ante las Cortes del socialista catalán Joan Reventós al calificar la norma constitucional de auténtica base legitimadora de un tránsito del capitalismo al socialismo. Aunque Marx no extendía recetas para enfermedades venideras, su ideal era la Commune (Ayuntamiento) parisina de 1871: autogobierno popular local, autogestión obrera y propiedad social (nunca estatal); algo que sólo lo intentó la revolución yugoslava entre los años 50 y 60 del pasado siglo.
Al caer el imperio moscovita, la derecha creyó innecesario seguir teniendo mano izquierda con el nuevo proletariado, ya inducido del todo al consumo a crédito. La socialdemocracia fue acusada, por si acaso, de “comunismo rosa” para desprestigiar una hipotética democracia socialista. La Realpolitik de los Mitterand, et alii, no hizo nada que justificase aquella interesada falsedad. Las derechas volvieron a gobernar por el desencanto de unas masas que seguían confundiendo en el socialismo las reformas paliativas con las eutanásicas. ¿Para qué votar a la izquierda si la derecha le ha arrebatado de las manos los trastos de torear?
Una y otra, por mucho que se distingan en cuestiones democráticas muy importantes, no dejarían de ser las dos manos de un coloso al cual, en su injusta irracionalidad bien demostrada, no se le hacen los dedos huéspedes en su mano derecha porque le hayan recortado los de la izquierda. Todo lo contrario. Debiera acabar, por tanto, la confusión. Ni la socialdemocracia es el socialismo ni un socialismo retórico es ya una democracia socialista. De momento y hasta tiempos mejores, la única palabra que no confunde ni engaña es la palabra anticapitalismo.


 




 


SOCIALDEMÓCRATA SOCIALDEMÓCRATA 06/09/2009 a las 09:04

¿Socialdemocracia o Socialismo del Siglo XXI?


A partir del giro hacia la izquierda que se ha suscitado en América Latina, muchos analistas coinciden en afirmar que actualmente existen dos corrientes que matizan el movimiento.
Hay quienes marcan el terreno entre la socialdemocracia y el socialismo del siglo XXI para establecerlos como parámetros ideológicos a la hora de ubicar a los distintos gobiernos de la región que se enmarcan dentro del fenómeno.
Otros no hacen tal diferencia y llegan a afirmar que el socialismo del siglo XXI es la misma socialdemocracia, sólo que revestida de tintes populistas y nacionalistas. Movidos por estas recurrentes conclusiones, analizaremos las diferencias entre uno y otro modelo ideológico y luego plantearemos nuestra visión acerca de cual debe ser el camino de la izquierda en la región.
La socialdemocracia promueve la transformación de la sociedad a través de la evolución paulatina de las instituciones reivindicando la democracia representativa. El socialismo del siglo XXI lucha por un cambio social a través de la democracia participativa, directa y protagónica sin buscar el acomodamiento de sus propuestas al sistema capitalista, procurando una revolución en las relaciones del poder.
La inclusión social es uno de los principios fundamentales de la socialdemocracia que promueve un Estado solidario que redistribuya el ingreso y estimule la creación de riqueza. Este concepto es ampliado y mejorado por el socialismo del siglo XXI al proponer, no ya la mera inclusión, sino el empoderamiento de los más pobres a través de la construcción de un Estado social de derecho y justicia social.
En el ámbito económico las diferencias entre estas dos ideologías son abismales. Mientras la socialdemocracia se transa con el capitalismo aceptando un modelo de economía social de mercado en donde lo importante es el mercado y los consumidores, en el socialismo del siglo XXI se desarrolla el concepto de economía solidaria que promueve el comercio justo, el empresariado con responsabilidad social y fortalece la dupla ciudadanía-sociedad rechazando la entente consumidor-mercado.
La socialdemocracia se ha limitado a asimilar los modelos de creación de riqueza del capitalismo y no ha intentado innovar en este campo tan neurálgico en el mundo de hoy. El socialismo del siglo XXI, en cambio, renueva la forma de producción al proponer, entre otras tantas innovaciones, las denominadas empresas de producción social que procuran "una nueva relación entre el mercado y la comunidad, con énfasis en el vértice de la sociedad, y dirigido a politizar el mercado y participar popularmente el Estado, en la que exista una clase de empresarios privados de nuevo cuño, las EPS, y que, a la par, un Estado soberano que no reproduzca expresiones ortodoxas del capitalismo de Estado"[1].
Estas empresas de Producción Social buscan iniciar el transito que ha de superar el modelo capitalista rompiendo el tradicional hito de la mayor rentabilidad económica para iniciar a las sociedades en el principio de menor beneficio particular, mayor ganancia social.
Para la socialdemocracia la riqueza es una responsabilidad de cada ser humano que debe ser buscada y disfrutada individualmente. El socialismo del siglo XXI concibe la riqueza como una construcción social que debe ser generada, compartida y distribuida a través de prácticas de responsabilidad social. Para la socialdemocracia lo fundamental es la redistribución del ingreso y para el socialismo del siglo XXI se trata de la desconcentración de la riqueza.
El sector privado es el principal protagonista económico a la luz de la socialdemocracia moderna, mientras que el socialismo del siglo XXI propone una triada de agentes de la economía a saber: ciudadanía, sector público y sector privado. Al tradicional trípode de factores de la producción (capital, tierra y trabajo) que endosa la socialdemocracia, el socialismo del siglo XXI incorpora un cuarto factor: la tecnología, el cual busca democratizar mediante la promoción del uso del software libre y la lucha por la gratuidad del acceso a las tecnologías de las comunicaciones y la información.
Para cerrar el ámbito económico otra diferencia fundamental entre el socialismo del siglo XXI y la socialdemocracia es que el primero promueve la integración de los pueblos a través de modelos de cooperación mutua y la segunda se amolda al esquema capitalista de la competencia entre las economías sin parar mientes en las asimetrías.
En lo social, el socialismo del siglo XXI rescata el concepto del hombre nuevo creado por el Che Guevara y lo convierte en una bandera de lucha fundamental, mientras que la socialdemocracia promueve más bien la aceptación del actual modelo de sociedad matizando algunos aspectos.
Mientras la socialdemocracia tiende al paternalismo con la distorsión del Estado de Bienestar, el socialismo del siglo XXI incorpora un nuevo modelo de política social que le restablece la dignidad a los mas pobres a través de programas que no se limitan a cubrir sus necesidades básicas con un sueldo inutilizante, sino que generan la salida del ciudadano o ciudadana del circulo de la pobreza, un ejemplo de ello son las misiones bolivarianas llevadas a cabo por el gobierno socialista venezolano que ha logrado colocar a ese país con uno de los índices de desarrollo humano mas altos del globo.
El modelo de educación socialdemócrata se limita a formar al individuo únicamente para insertarlo en el tren laboral. En la educación socialista del siglo XXI se forman seres humanos integrales, con conciencia social y listos no solamente para satisfacer sus necesidades individuales, sino para aportarle a la sociedad en la que se desenvuelven.
La socialdemocracia busca una cuota de participación femenina en las instituciones del Estado, mientras que el socialismo del siglo XXI reivindica la sociedad paritaria y la equidad de género promoviendo el empoderamiento de la mujer.
En materia ecológica la socialdemocracia se limita a hacer una defensa retórica del ambiente, mientras que el socialismo del siglo XXI hace de la lucha por el respeto del ecosistema un punto esencial de su agenda. La defensa del ambiente y la creación de conciencia acerca del peligro que corre la especie de seguir profundizándose el cambio climático es tema obligado en las demandas reivindicativas de los principales líderes del socialismo del siglo XXI. Además de políticas públicas orientadas a conservar el ambiente llevadas a cabo por los gobiernos promotores de la ideología, verbigracia: el programa de sustitución de bombillas incandescentes por fluorescentes llevadas a cabo en Cuba, Venezuela y Bolivia, el cual ahorrara en esos países miles de millones de dólares anuales en consumo de energía.
En el ámbito histórico y en cuanto a sus orígenes la socialdemocracia y el socialismo del siglo XXI tienen una diferencia esencial: mientras que la primera nació como una critica al marxismo, el segundo nace como una repotenciacion de las ideas de Marx, adaptadas al nuevo tiempo y enmarcadas dentro de un nuevo proyecto histórico que busca el empoderamiento de los ciudadanos y ciudadanas. Podríamos decir que la socialdemocracia se erige sobre las fallas de Marx, mientras que el socialismo del siglo XXI recaucha el pensamiento marxista dándole nuevos aires y nuevos colores.
El socialismo del siglo XXI refuerza los valores patrios, la soberanía y la autodeterminación de los pueblos, a la vez que lucha por la multipolaridad en el escenario global de relaciones geopolíticas, mientras que la socialdemocracia hace mutis sobre esos temas llegando a promover el otorgamiento de mas poder a las instituciones supranacionales en detrimento del principio de la soberanía, fortaleciendo, tácitamente, la hegemonía mundial de unas cuantas potencias.
Como vemos las diferencias entre estas dos variantes ideológicas son muchas y en la mayoría de los casos diametralmente opuestas. Para nosotros la socialdemocracia es la versión Light del capitalismo que solo procura callar las voces de los excluidos entregándoles unas migajitas del banquete devorado por quienes concentran la riqueza. El socialismo del siglo XXI es el camino para la redención de los pueblos, la vía expedita hacia el desarrollo integral, sostenible e incluyente de todos y todas. El socialismo del siglo XXI es la medicina para la erradicación de la pobreza, pues alienta la única forma posible de acabar con ella: dándole poder a los pobres.
ANONIMO ANONIMO 06/09/2009 a las 20:23
Parece que hay mas marxistas que socialdemócratas en este blog, será porque tal vez el SR. FELIPE GONZALEZ, se equicocó en su día. Yó creo que se equivocó y que lo unico que pretendía era el poder por el poder, claro que al final, así le salió la jugada.
Yó sigo siendo marxista, marxista dentro del partido socialista, creo que estoy en mi derecho de seguir pensando que el marxismo está en el día a día de los trabajadores, de los hombres y mujeres que seguimos anhelando, unas ideas, un pensamiento, una transformación de la sociedad.

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